Carnaval de Bahidorá: Un oasis entre los festivales terrenales.

Quienes regresaron del primer Carnaval de Bahidorá, quedaron tocadiscos. Con las pupilas dilatadas, rostros de fascinación y marcas de bronceado, parecía que habían pasado el fin de semana en las tierras míticas del Shangri-La. Aquel lunes de febrero del 2013 –ya de vuelta en los salones de clases y oficinas– los peregrinos no daban testimonio de un típico festival urbano, sino de una bacanal fosforescente con un auténtico oasis como locación.

Y es que el parque acuático natural de Las Estacas, en Morelos, es un lugar lisérgico de por sí: la vegetación exuberante, las hipnóticas flores y un borbollón del que nace un río cuya agua mineralizada adquiere un color turquesa. Y si a esto sumamos que en aquel cartel de 2013 brillaban actos como CocoRosie, Gold Panda y Astro, tenemos como resultado un clásico instantáneo: hippies, hipsters y ravers regresarán a este paraíso perdido este 2014; sin cuestionarlo, guiados por el principio de la repetición del placer, volverán a ser habitantes bahidoranos.

Bahidorá 2

Bahidorá está concebido justo como un lugar mágico que existe sólo durante 24 horas, como si una puerta dimensional permitiera que dicho reino estuviese al alcance de la gente común. Es un espejismo de fruición en que todo es perfecto: el clima, la música, los asistentes. Y no es un festival per se, sino un carnaval: un momento de excesos, liberación, abundancia, carne y fertilidad. No es tampoco un evento monstruo, sino uno boutique en que no hay un headliner contundente, sino pequeños actos cool, sustanciales; y lo más interesante: no es necesario estar de cara al escenario, se puede estar chapoteando, comiendo algo rico-orgánico o de plano, clavándose en los bellos diseños que la naturaleza nos ofrece, en el Mariposario. Entre otras amenidades, el festival ofrecerá algunos pasatiempos holísticos y foreverescos como: ilusionistas, pintura con pigmentos, cuerda floja para cruzar el río, masajes, hamacas (para los pasoneados); y por la noche habrá telescopios, fogata y… todo un entorno dispuesto para bailar hasta el amanecer; desprenderse del cuerpo y mandar el alma al cosmos… elevar la carne = en latín: carne elevare = carnavale.

Actos imperdibles en Bahidorá:

Bomba Estéreo: Reyes de la champeta y la electro-cumbia. Li Saumet es un ave tropical que embonará perfecto con el entorno salvaje y shamánico: ¡fuego!

Wild Belle: Si hubiese un modelo de chica bahidorana, debería vestirse como Natalie Bergman, quien junto a su hermano Elliot, hacen una onda de indie-reggae-africanoso, totalmente chicloso.

Poliça: Synth-pop cachondón proveniente de Minneapolis, con dos baterías en vivo (!), además de estar fronteado por Channy Leaneagh, una vocalista de corte andrógino.

Autre Ne Veut: Desde Nueva York, un nuevo tipo de rhythm & blues aterciopelado, fácil al oído, pero con una buena dosis de experimentación.

Oso Leone: Desde Mallorca, un acto de post-rock con dotes de folk, creadores de una música que se desarrolla en cámara lenta y en el que apropiadamente para el Bahidorá, sus canciones llevan títulos botánicos como “Ficus”, “Salvia” y “Crisantemo”.

Kaytranada: Un DJ de Montreal que vendrá bien para navegar en las horas de la fiesta profunda, gracias a sets cargados de nü-disco, funk y hip-hop instrumental.

Caloncho: A este chico basado en Guadalajara, se le conoce por sus camisas floreadas y por comer bananas sobre el escenario. Su música es un reggae romántico playero, que igual le rinde homenaje a Marley, que a Devendra o a Ritchie Valens.

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