Cosplay: Máscaras, camaleones y cómics

Admirar a un personaje fantástico quedó en el siglo pasado; hoy, el objeto es personificarlo mediante un disfraz y pavonearse en los pabellones de una convención de cómics, o calles llenas de turistas. Desde Harry Potter a Sailor Moon, pasando por un elfo en el Señor de los Anillos hasta una vampiresa de la época Victoriana, las quimeras de todo universo imaginario pueden ser traídas a la realidad mediante el Cosplay: un juego de palabras que surge al cruzar el “Costuming” (confección de disfraces), con el “Play” (juego o actuación).

Los disfraces son cotidianos: sea la cresta del punk-rocker, la barba freudiana del psicoanalista o el traje sastre de una ejecutiva, el código en el atuendo expresa una construcción de conceptos asociados al personaje social. El vestuario es la máscara de apariencias ante el mundo, la herramienta para mimetizarse y escapar de la prisión del yo hacia lo extraordinario. Ya los chamanes usaban pieles para obtener habilidades de animales, o se ponían máscaras para fascinar e inquietar a los comunes, y desde el poder otorgado por la magia, entrar en contacto con el mundo de los dioses para alterar el mundo real. Así, la metamorfosis permite que el alter ego suba a flor de piel desde el inconsciente, y en su manifestación, atraiga al mundo gestos imposibles.

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Si bien la moda Cosplay ha tenido mayor auge en la última década en los distritos fashion de Tokyo, disfrazarse o “impersonar” es una costumbre existente desde las primeras exposiciones de ciencia ficción o de juegos de rol en Norteamérica y Europa -sin dejar fuera la tradición de los bailes-mascaradas temáticos, los imitadores de celebridades (Elvis Presley o Michael Jackson) o en su plan más generalizado, los carnavales y la Noche de Brujas.

“Siempre es divertido convertirte en alguien nuevo por un período corto de tiempo, y esto permite que las personas tímidas dejen salir partes de su personalidad que estaban escondidas. El disfraz da un permiso implícito para comportarse en maneras distintas a la norma”. Entrenada como ilustradora, y criada en una familia de sastres, donde hacerse su propia ropa era un dogma incuestionable, Maral Agnerian es una canadiense de origen armenio radicada en Toronto; en definitiva, un espíritu inquieto dedicada a la artesanía, la joyería, el baile tribal y actualmente, entusiasta del Cosplay.

“Amo hacer las cosas con mis manos y estoy siempre interesada en aprender nuevas habilidades y técnicas. Mi principal motivación para hacer disfraces es crear algo bello y llevar un diseño plano a la vida real. Me gusta hacer detalles finos y me atraen los diseños que implican mucha labor. Disfruto el tejido, el bordado y la pedrería, y lo encuentro muy relajante.” Bajo su personaje Cosplay llamado Sarcasm Hime, Maral confecciona con sus manos una deslumbrante colección de indumentarias inspiradas por las mitologías del cine, los cómics, videojuegos y el Anime (caricaturas japonesas), finalmente, el gran subconsciente colectivo de la humanidad, expresado – de un modo inocente – a través del entretenimiento mediático.

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El Cosplay es sólo la punta del iceberg para una serie de subculturas japonesas (Otakus, Ganguro girls, Kogals, Gothic Lolitas, Visual Kei, Bōsōzoku, Maid Cafés) del naciente Siglo XXI, cuya esencia es materia prima para sociólogos y psicólogos: en éstas, el simple hecho de disfrazarse trasciende a la propia persona, y el alter ego (o cyberpersona, si esto ocurre en redes sociales o videojuegos en línea) toma las riendas de la vida diaria; actitud que en lo general, esconde un comportamiento evasivo. “El posible problema que veo es cuando los fans más jóvenes no distinguen entre un cosplayer y el personaje del que están vestidos; [en el amor] tienden a idolatrar a la persona, simplemente por el personaje de rol, y no por lo que realmente son. Realmente no ando por la vida en caracterización, ya que el jugar roles no es lo que me atrae al Cosplay. Me pongo en modalidad de personaje para las fotos y concursos, pero no para andar por la calle: los trajes son muy aparatosos o complicados para caminar. En una ocasión durante un concurso, mis amigos y yo salimos a tomar el lunch con nuestros disfraces puestos. Vestíamos de haditas florales y una niñita muy graciosa, sentada en una mesa aledaña, estaba tan emocionada de ver hadas en la vida real, que no quería comerse su comida: sólo volteaba a vernos y le decía a su mamá ‘¡Mira mamá, haditas!’ Al momento de salir, me acerqué para rociarle una pizca de ‘polvo de hadas’, que era brillantina de mi equipo de maquillaje. ¡Me hizo sonreír todo el día!”.

Y aunque el placer viene al embelezar a la otredad por medio de la magia y teatralidad del disfraz, para Maral, lograr la reproducción de un modelo complejo, o ganar algún premio simbólico, es el objetivo. Incluso, se ha planteado un modelo de negocios abierto para ofrecer sus creaciones por Internet, mediante la página www.sarcasm-hime.net, en la cual ofrece joyería fantástica, pinturas, disfraces ya elaborados (los cuales podría estimar en $500 USD) e incluso, obras por encargo: “Algunas personas piensan que es extraño gastar tanto tiempo y dinero en un hobby, pero no es más extraño que otros hobbies como coleccionar cosas, viajar, hacer deportes, avistar pájaros o tantas otras actividades que pueden ser tan caras y que consumen tiempo. Es difícil determinar cuáles son las ganancias para un hobby tal como el Cosplay. Algunos cosplayers sólo quieren convertirse en el personaje y no tienen interés en crear las cosas por sí mismos. Pienso que el Cosplay puede ser muy útil, mucha gente joven no aprende habilidades prácticas como manualidades, sea bordar, usar herramientas, etc. Aprender a hacer las cosas desde la nada es una práctica muy satisfactoria.”

Imaginemos un futuro cercano, donde el Cosplay se incorpore de lleno a la cultura popular, y contemplemos como posible, el escenario de un policía vestido de Pedro Infante detenga en el tráfico a un convertible decorado como el auto de Meteoro, conducido por un “impersonador” de James Bond, acompañado por una ‘Ganguro Girl’ vestida de Jennifer Lopez. Parece excéntrico – pero viable -, en una cultura global que permite cada vez más la posibilidad de que el individuo “customice” sus fantasías, y así engendrar nuevas identidades sintéticas, aún sin ser del todo catalogadas.

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Texto publicado en la Revista Rumbos.

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