Putumayo: Música por un mundo feliz

Comenzó como una tienda de ropa en Nueva York que ofrecía curiosidades folklóricas latinoamericanas, donde el dueño, Dan Storper, vendía también hallazgos musicales encontrados en sus viajes. A 15 años de su fundación como una disquera en forma, Putumayo es sinónimo de música que anima el corazón al transportar los oídos a latitudes inusitadas. Con un catálogo de más de cien lanzamientos, Putumayo se ha convertido en el sello más entrañable de World music. Para conocer más acerca del mismo, hablamos con Michelle Fridman, Directora de mercadotecnia y relación con medios, de la casa disquera.

Uriel Waizel: Ante todo, la labor de seducción de Putumayo para introducir al público a interesarse por la – no tan usual – música del mundo, comienza a través de los bellísimos artes de sus álbumes: pinturas de acuarela, trazos simples y colores puros retratan caricaturas ingenuas y pintorescas de personajes asociados a la región de cada disco en cuestión. ¿Quién hace tales dibujos?

Michelle Fridman: Ella es una inglesa de 42 años, Nicola Heindl, es una parte importantísima en la imagen de Putumayo. La gente ubica más a Putumayo por las portadas, que por la música en sí. Para el arte de los discos, se le da un concepto y ella echa a volar la cabeza para sacar diseños muy afortunados y que captan lo que es Putumayo, esta agradable mezcla de lo tradicional con lo nuevo, naif, multicultural, colorido y que da un respiro al escucharlo y al verlo.

UW: Tiene un muy buen ojo para retratar los rasgos étnicos, aún dentro de una misma región.

MF: Sí, como en la compilación de Israel, donde pinta a la tradicional pelirroja israelí, los tipos mediterráneos, o judíos de origen ashkenazi. De eso se trata finalmente, de rescatar los orígenes, pero también resaltar qué es lo que está pasando con las raíces cuando evolucionan a través de las mezclas con otras culturas.

UW: Sus compilaciones han abarcado varias ciudades, países y regiones del mundo, y se han cubierto muchos de los recorridos clave del World music. ¿Cómo hacer de su marca algo sustentable, de modo que puedan continuar con la edición de compilaciones con motivos novedosos?

MF: En la planeación de lanzamientos buscamos los países que nos falta por mostrar. Todos los días sale nueva música en cada país, nuevas fusiones y subgéneros ocasionados por la globalización; ya no hay géneros puros como tal. Siempre hay algo nuevo qué enmarcar musicalmente. Y buscamos motivos creativos, por ejemplo, la reciente compilación World Hits, donde seleccionamos canciones del corte Putumayo que han sido éxitos comerciales a escala mundial, tales como “Lambada” de Kaoma, o “Bamboleo” de los Gipsy Kings.

UW: Extrañamente, siendo un país muy musical, México ha sido un país al que Putumayo, sólo ha dedicado un álbum: México (2001)

MF: Nos faltan muchos discos por sacar, yo creo que hay otros países que atacar, antes que volver a hacer algo de México, aunque sin duda, soy partidaria de mostrar más a México. Ya viene en 2008 un álbum de Reggae Latino, y van a haber grupos mexicanos incluidos; han salido otras participaciones de músicos mexicanos en discos como Latin Lounge o Latin Groove, como Café Tacvba o Lila Downs. Putumayo se distribuye en más de 130 países, la misma pregunta se la hacen en todos los países a todos los distribuidores, ¿cuándo va a salir un disco nuestro?

UW: Existen áreas del planeta que aún están por mostrar. Por ejemplo, no han editado uno de Rusia, Japón o China.

MF: Putumayo busca mostrar música muy accesible. No es una disquera de World music como aquellas que se especializan en música mucho más rara, más pura, como para alguien que quiere sentarse una hora a escuchar percusiones africanas – que es factible -, pero lo que busca Putumayo es ser una puerta para lo que se está escuchando en otras regiones, mediante discos accesibles y agradables. Sí falta mucho por abarcar, pero estamos también conforme a lo que la gente está buscando. Hay música que aún no cumple con esas premisas, por ejemplo, el tango era un género con el que ocurría eso: nos lo pedía el público, pero no había forma de hacer un disco fácil o digerible de tango. Finalmente en diciembre lanzamos Tango Around the World. Son tangos de diferentes partes del mundo, no sólo de Argentina, sino de Polonia, Senegal o Brasil. Son fusiones de tango, no es tango puro. Hay híbridos con lounge, pop o música klezmer de raíces judías.

UW: ¿Y acerca de la filantropía, que es parte fundamental para Putumayo?

MF: Putumayo le tiene que regresar algo a aquello que la hace existir, que es el planeta. Putumayo toma música del mundo, da a conocer sus artistas y tiene que ser recíproco en lo que genera. Lo hace destinando parte de las ganancias: De cada disco, un porcentaje se va a una fundación que, por lo general, tiene que ver con la región de donde proviene dicha música. En el caso del álbum de Israel, un porcentaje del 2%, se va a una fundación que apoya la paz en Medio Oriente. Los discos infantiles se destinan a fundaciones de niños y en el caso de Nueva Orleáns, se dedica a un fondo para preservar la música original y proteger a los músicos desvalidos. Cuando el huracán Katrina, se hizo un festival para recaudar fondos y las ganancias en la venta de los álbumes dedicados a la música de Nueva Orleáns fueron cedidas en un 100% por un lapso determinado. Lo mismo ocurrió cuando los huracanes en México, en el mismo año, ahí dedicamos una fuerte cantidad y todos los discos de la compilación México que se vendieran iban destinados a la Cruz Roja para ayudar a Chiapas y a Guerrero.

Creo que Putumayo se mantiene como un sello muy limpio y noble. Nos mantenemos muy al margen de la parte conflictiva de la política. Porque somos una disquera, no estamos a favor de unos o a favor de otros. Para el disco de Israel, por ejemplo, estamos trabajando de la mano con la Embajada, sobre todo para motivar a que la gente conozca la parte más noble de Israel. Nosotros nada más estamos plasmando qué es lo que ocurre musicalmente en este país y qué es lo maravilloso que la gente aún no conoce. Qué se respira, qué se come, qué artistas hay, qué mezclas existen entre árabes, africanos y judíos en ese territorio, hablando musicalmente. Lo nuestro es la música, y la música es muy leal. Más allá de poner fronteras, la música las sobrepasa y lo vemos en proyectos como el del israelí Idan Rachel, quien mezcla idiomas, etnias, instrumentos musicales y géneros y hace música tratando de rebasar la problemática de su país y región.

UW: Bajo el lema de “Piensa global, actúa global”, Putumayo ha hecho una interesante alianza con la cadena de restaurantes Toks.

MF: La industria discográfica está en un proceso de reacomodo y el mercado que cada vez crece más en Putumayo es el no tradicional: nuestros discos se venden en cafeterías, librerías o tiendas de ropa, y ese público no es el que descarga música ilegal, es gente que va a comprar un café, mira los discos, le parecen lindas las portadas y tiene interés por saber cómo se oye esa música, entonces se lo lleva. En Toks, es impresionante el flujo de gente: Tenemos puntos de venta en caja, música todo el día, manteletas con los artes de Nicola Heindl, y campañas donde parte de las ganancias que se generen comprando Putumayo en Toks, son destinadas para apoyar a niños con discapacidades auditivas. Ellos también son una Empresa Socialmente Responsable: qué mejor si podemos vender y además ayudar.

Putumayowm

Entrevista publicada en la Revista Hoteles Misión.

 

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