The Radio Dept.

Los descubrimos por tres ensoñadoras canciones en el soundtrack de Marie Antoinette, de Sofía Coppola, en 2006. Lo que no sabíamos es que este trio de Suecia, era más antiguo que Phoenix y The Strokes (favoritos en las colecciones de Coppola). The Radio Dept. llevaba ya una década de hacer música para tardes aburridas con ese sonido borroso, ruidoso y melancólico catalogado como Shoegaze.

En la víspera de su concierto del sábado 26 de febrero en el Lunario, con el sol atardeciendo sobre el Campo Marte, Uriel Waizel conversó con Johan Duncanson (voz y guitarra), Martin Larsson (guitarra) y Daniel Tjäder (teclados).

Uriel Waizel: Me gustaría hablar del Shoegaze. Es un tópico tan abstracto, porque hay tantas emociones proyectadas en este género, que es imposible describirlo con una sola. ¿Cuáles son los rangos emocionales en su música? Hablar de texturas en el Shoegaze es tan subjetivo como clasificar diferentes tipos de chocolate o vino.

The Radio Dept.: En efecto, es tan difícil como tratar de describir un vino o chocolate. Siempre tenemos un color o una imagen en mente cuando grabamos. Creo que nuestra música se basa más en imágenes. No todo lo que hacemos suena así, también tenemos canciones menos ambientales. Realmente no nos consideramos una banda de shoegaze. Al principio escuchábamos mucho a My Bloody Valentine y creo que canciones como “Against the Tide” o “Why Won’t You Talk About It?” son shoegaze. Podríamos decir que nuestro álbum actual, Clinging to a scheme, se acerca más a los arreglos del pop. Pero hemos tenido más influencias que vienen de todos lados, de películas, fotos… hasta colores.

UW: Me impresiona la moda que se está dando actualmente: Llámenlo dream-pop, ‘pared de sonidos’, ‘ruido bello’ o como ustedes quieran. Pero, por ejemplo, Yann Tiersen, el músico detrás del soundtrack de Amélie, dirigida por Jean-Pierre Jeunet, es un músico francés, muy orquestado y muy bohemio. Pero su último álbum – Dust Lane – fue lanzado en la disquera Mute y suena a post-punk y shoegaze. Me pregunto: “si él puede hacer música tan clásica y ornamentada, con la posibilidad de tener tantos instrumentos, ¿porque está haciendo este tipo de música ‘de moda’?”. Él fue el pináculo de mi observación: Actualmente hay muchas bandas con ese sonido. ¿Qué creen que está pasando? Se lanza mucha música sin letras, sin narrativa, sólo una masa de confusión. ¿Porque elegir la confusión sobre la narrativa?

TRD: No sé por qué la gente tiene la necesidad de expresarse así o por qué encuentran interesante explorar ese rango musical. Definitivamente nosotros lo hemos hecho pero ni siquiera sabemos el por qué, no es algo que se puede explicar.

Quizás tenga que ver con los ciclos. Mucha de esa música como barrida y borrosa (el shoegaze) que se grabó en los 80 y 90 llegó a un punto en el que hartó a las personas. Pero cuando nosotros lanzamos nuestro álbum debut en el 2003, no había tantas bandas con ese sonido. Después de que salió nuestro debut, se estrenó Lost in Translation y los álbumes de M83. Así que creo que era tiempo para que el sonido regresara. Y a partir de ese momento, más y más bandas adoptaron el sonido quimérico, con voces delicadas y grandes reverberaciones. Definitivamente es una moda, en los Estados Unidos hay varias bandas subidas en ese tren, y que se aprovechan de la etiqueta. Cuando algo ya comienza a sentirse como status quo se convierte en algo aburrido y es momento de hacer algo nuevo.

UW: En un breve mapa musical del shoegaze, el uso de drogas es una constante. En las canciones de Velvet Undergroud, Spiritualized o My Bloody Valentine, se hacen referencias al flujo de heroína en el torrente y a la euforia. ¿Dónde encuentran las imágenes en las que se inspiran? ¿O qué momentos en la vida o estados mentales les dan esa inspiración?

TRD: Creo que la música se encarga de crear las imágenes. Tratamos de atrapar un sentimiento o estado mental. Por ejemplo, si yo digo: “Londres 1991″ automáticamente pensamos en las bandas que había en ese entonces. Al decir “Londres” hay una serie de imágenes que llegan a la mente, como portadas o momentos de la ciudad. No necesariamente tenemos que ver una imagen para inspirarnos, simplemente ya está en nuestra cabeza.

UW: Es como aquellas noches en que tu mente no se puede detener después de un día lleno de emociones. Al ir a la cama, se revisan todas esas experiencias en un todo indistinguible, no puedes explicarlo, pero sientes muchas cosas simultáneamente.

TRD: Exactamente, son sensaciones difíciles de aterrizar o de verbalizar, pero están ahí y se perciben.

UW: Sobre Marie Antoinette, la película de Sofía Coppola. ¿Cómo se acercaron a ustedes?, ¿Sabían en qué escenas iban a utilizar su música?

TRD: Brian Reitzell es quien supervisa la música de las películas de Sofia Coppola. Leyó una reseña de nuestro primer álbum, y ahí decía que nuestras canciones quedarían a la perfección en Lost in Translation. Se le hizo interesante y nos contactó después de escuchar nuestro disco. Nos contactó por Email y le enseñó nuestras canciones a Sofía: Le gustaron mucho y a partir de ahí nos pidieron que colaboráramos en la música de la película. No nos dieron imágenes de la filmación, en realidad sólo les preguntamos “¿qué están buscando?”, y después nos dijeron que la película trataba sobre Maria Antonieta y que se situaría en el siglo XVII.

Estábamos sorprendidos de que mezclaran pop con esa historia, pero es bastante interesante. Porque si uno ve esas escenas de fiesta cuando están tomando champaña, es como los chicos de ahora: no hay mucha diferencia. También Brian nos dijo: “¿Quién mejor que Sofia Coppola para hacer esta película?, porque de cierta manera ella creció como una princesa.

Después ya recibimos como 20 o 30 fotos de la película para inspirarnos. Dudamos un poco antes de darles el “sí”, porque teníamos miedo de ser asociados para siempre con una sola película. Pero sí nos sentíamos honrados: nos gustan sus películas. Eventualmente accedimos.

La película de Marie Antoinette no tuvo un gran impacto en nuestra carrera, por lo menos al principio. Ahora que ya somos una banda establecida, con un disco que tiene reseñas positivas, vemos el impacto que aquello creó, pero en su momento no nos atrajo más atención mediática y eso fue bueno para madurar como banda.

UW: En “Heaven’s on Fire”, samplean un discurso de Thurston Moore (Sonic Youth), donde condena la corporativización de la cultura juvenil: ¿Cuál es la alternativa para que los jóvenes no se hundan en la corporativización? ¿Qué deben de hacer en lugar de consumir?

TRD: Ni está mal que se asocie la “diversión” con los jóvenes. Venimos de un pasado “DIY” (Hazlo tú mismo) que no dejamos atrás: Todo lo que grabamos es en casa y nos damos cuenta de que cada vez más y más personas lo hacen así. Yo creo que la gente no debería depender de nadie para hacer música.

Compartir contenido también es más fácil que hace un par de años. Compartir música o conocimiento digitalmente, se puede hacer evitando las trampas del circuito del capitalismo. Sí hay que comprar una computadora y tener acceso al internet, pero hay muchas cosas que se pueden hacer sin necesidad de corporativizar. Se pueden descargar canciones legalmente o grabar material propio y distribuirlo sin una disquera.

UW: ¿Viven de la música o tienen otro trabajo?

Johan, fundador de la banda, responde: He tratado de vivir de la música por dos años, ha sido complicado, pero es un lujo poder hacerlo. Antes de eso trabajaba en una escuela y en un hospital siquiátrico. Ahí tuve que cargar y prácticamente hacer lucha libre con varios pacientes; no era divertido, fue uno de los peores trabajos que he tenido.

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Entrevista publicada en la Revista 192.

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