Corona Capital: El clásico de otoño

En tan solo tres años, el Corona Capital se ha erigido como un clásico obligado para cada otoño chilango. Para su primera edición en 2010 trajeron a los Pixies, arropados por un cartel de 23 bandas donde también aparecían Interpol, James y Regina Spektor. En 2011, se demostró que el festival no era “llamarada de petate” cuando trajeron a Portishead como headliners, sumados a una lista de 28 nombres donde figuraban The Strokes, The Rapture, M83 y Santigold. Para ambos casos, se mantuvo un equilibrio de 50-50 entre artistas anglo e indies en español.

Para este 2012, OCESA muestra una clara estrategia de consolidar no sólo un contrapeso de temporada al Vive Latino, sino una referencia regional que compita con Lollapalooza y Coachella: los esfuerzos se han redoblado para ofrecer un ambicioso cartel de 70 actos repartidos en dos jornadas con un balance de 75% anglos y 25% hispanos. Y sí, al estilo Coachella, cada edición debe contar con una legendaria banda vuelta a la vida: será la primera vez que veamos a New Order en México.

Además de una poderosa ancla como los históricos autores de “Blue Monday” y “Bizarre Love Triangle”, el line-up muestra una oferta transversal a la mayoría de gustos e intereses de los adeptos a la música alterna al mainstream: se vale bailar en el Bizco Club, con los infalibles Basement Jaxx, un set de James Murphy (LCD Soundsystem), Modeselektor o A-Trak. Hay para los amantes del rock-country rasposo con los Black Keys, Alabama Shakes y My Morning Jacket. Para el dandismo británico, bastará con Franz Ferdinand, The Vaccines y Suede (inéditos para México). O bien, si busca la onda de sensible de folk, será posible ver a Iron & Wine, M.Ward o Cat Power, quien trae disco nuevo. Desde lo agreste con Die Antwoord, hasta lo progre —con los regios de Bam Bam— hasta lo fresón, con Florence + The Machine o León Larregui.

No nos podemos quejar del cartel: es de primera clase. Para esta edición 2012 (o para un upgrade en el 2013), el reto de OCESA no será superar el cartel, sino darle al DF un festival que cumpla con los conforts necesarios: queremos más gente haciendo picnic y menos “banda” orinando en los rincones. Lo merecemos.

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