Beach House: concierto para soñar despiertos

Hay conciertos que se prestan para tener momentos de epifanía: percepciones súbitas donde la intuición y la razón se conectan para revelar la naturaleza profunda sobre algún aspecto de la vida. El de Beach House, en particular, logrará momentos perfectos para distraerse con elucubraciones, acompañados por otros en el mismo estado mental de ensoñación colectiva. No en vano le llaman dream-pop.

Con tres personas sobre el escenario, el acto en vivo de Beach House hereda los cánones de los Cocteau Twins para hacer música etérea. La guitarra de Alex Scally con notas que sueltan polvo de estrellas, las percusiones valsísticas de Daniel Franz, y la voz andrógina de Victoria Legrand –de origen francés y melena enredada– quien conjura fraseos de melancolía, mientras desencadena atardeceres desde su teclado.

El cuarto álbum de Beach House lleva por nombre Bloom. Y es textualmente una obra que se tiene que escuchar completa, como la alegoría de un florecimiento en cámara lenta. En sus palabras, “un florecimiento es temporal… encierra la intensidad y el color de la vida y es hermoso, pero sólo por unos momentos. Un florecer eventualmente llevará también a reflexionar sobre la vida y la muerte”.

Y así, entre brotes, pistilos y pétalos, habrá que dejarse llevar por temas como “Wishes”, o “Lazuli”, mientras que esa misma noche, los de Baltimore serán una gran caja de regalo con moño para que el sello Arts & Crafts –disquera que los edita en México– celebre su quinto año de existencia. Será una noche de gala, una noche de ensueño.

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