Shazam y otros adivinos ociosos.

Permanezco de pie en un restorán, con la mano extendida a lo alto. El capitán de meseros se acerca pronto y se pone a mis órdenes: Señalo hacia la bocina de donde brota la música ambiental. Inútilmente, le muestro la pantalla del iPhone y le regalo una absurda explicación acerca del Shazam, una aplicación sabelotodo que adivina una rola con tan sólo reconocer un cachito. Incrédulo y temeroso, el “Capi” dice que no tengo autorizado hacer “eso”, que porque “no le permiten”.

Con tantos timadores que se dedican a ordeñar negocios, auspiciados bajo falsas sociedades que defienden los derechos de autor, los gerentes actúan a la defensiva: no sea que les vayan a cerrar el changarro. Algo similar ocurrió cuando me prohibieron tomarle una foto a las mesas de neón donde se ofrecen los toppings en una neo-heladería: tan sólo quería twittearla para compartir las bondades de su negocio de yogurt a mis escasos 1,000 seguidores en dicha red social. Los gerentes aplican la ley cerrojo y los dueños abren una cuenta de Twitter para ir acorde a los tiempos. Apocalípticos e integrados.

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Ahora me he vuelto adicto a FourSquare, otra aplicación que permite dar de alta todos los lugares de la ciudad a los cuales asisto por un servicio: Frenético por no dejar un m2 chilango sin registrar, mapeo la cadena de hot cakes, la tiendita de abarrotes, el puesto de quesadillas y hasta la base de Ecobici.

Tales artificios de la tecnología no nos harán mejores seres humanos, pero sí, mejores consumidores. Estamos en los albores de aquello que los expertos en gadgets y tecnología llaman la “Realidad Aumentada”. Ésta se define como una capa de información que añade datos no evidentes, pero que sirven para entender mejor al entorno: por ejemplo, si uno apunta el celular a una pieza en Antropología, la ficha museográfica brincará a la vista.

Realidad

Ocurre en Minority Report cuando el detective John Anderton (Tom Cruise) entra a una tienda Gap en un mall: un holograma le da la bienvenida personalizada y le dice que es tiempo de cambiar sus viejos khakis, comprados tres años atrás. Adaptado a un futuro tangible, al pasar por afuera de un foro de conciertos Indie como El Imperial, “poppeará” un video sobre la bandita que tocará esa noche. En el ‘gastro-pub’ de la esquina, me brincará un anuncio sobre el chef-celebridad invitado para cocinar esa noche, y de inmediato, un botón para reservar una localidad.

Sobre todas las bagatelas que han sido inventadas para meta-reconocer nuestro entorno, sólo hay una por la cual ruego que ya sea concebida y esta es una aplicación tipo Shazam que me ayude a reconocer rostros de gente, durante encuentros fortuitos en la calle o reuniones sociales. La paso mal cuando me saludan por mi nombre y no tengo la más respingada idea de qué, quién o dónde conocí a fulano/a de tal. Si tan sólo Facebook se aliara con una marca de lentes de contacto ligados a Internet…

Uriel Waizel trabaja en Ibero 90.9, pero ha sacado su yo-cartógrafo y en FourSquare, al dar de alta, desde Las Torres de Satélite, hasta las quesadillas que se ponen en Cozumel – casi con Durango -, en la Roma.

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