Hogwarts: Escuela de Rock.

Hace exactamente una semana, probablemente usted (o una persona cercana) se encontraba con la nariz metida en las primeras páginas de Harry Potter and the Deathly Hallows, olfateando el papel fresco del séptimo volumen en la serie: y durante los últimos siete días, los asuntos mundanos se hayan vuelto borrosos mientras el mundo de la hechicería cobraba mayor relevancia. No temaís en ir al frente de estas líneas: el anhelado final de la saga no se encuentra aquí, no hay spoilers para ustedes, muggles. Continuad leyendo, que la literatura (y al parecer, la música) es la única que puede acabar con Voldemort, los malfollados y la mala leche, en ambos mundos.

Hacerse de unos lentes redondos fue el primer paso para abordar el tren tomado en la Plataforma ¾; luego siguió tener posesión de una varita mágica, un búho de compañía y algunos artículos comprados en Diagon Alley: una escoba dejó de ser útil si no tenía la marca ‘Nimbus 1000’ y una bufanda aparecía parca si no era de Gryffindor. Cuando se ve la vida detrás de estos espejuelos, los resultados del fútbol se eclipsan contra las noticias de las justas de Quidditch. Hay también quien considera que las probabilidades para recibir la correspondencia de Hogwarts -con la invitación a estudiar magia- son mayores, si se tiene una laptop, de aquellas que se anuncian con la oficial tipografía gótica: más aún, existen squibs que aún con la conciencia de que sólo se nace con la magia, no se aprende, inauguran escuelas y transforman fachadas de academias para atraer ilusos adeptos a tomar educación oficial de la SEP, espolvoreada con brillantina de  J.K. Rowling.

Si las áreas de filosofía, educación, estética, léxico, moda, tecnología y deporte ya estaban cubiertas para el individuo que quisiera atravesar las fronteras de lo cotidiano mediante el cosplay, o ‘costume play’, una de las áreas más curiosas en este juego de rol vivencial, es la música. Magos o no, a los jóvenes les gusta la música, y es así como se narra en Harry Potter y el Caliz de Fuego, como el director de la academia, Dumbledore, contrató a una banda llamada ‘The Weird Sisters’, para tocar en los festejos de la noche de Yule, marcando históricamente el inicio de un movimiento conocido hoy como “Wizard Rock”, o Rock de Hechicería.

Con la interpretación de “El Baile del Hipogrifo” como una banda áspera de rock Zeppeliniano, Jarvis Cocker, ex vocalista de la banda británica Pulp y Jonny Greenwood, guitarrista de Radiohead, pudieron “jugar” en la versión fílmica a ser músicos míticos, entonces ¿porqué los ultrafans se privarían de tal oportunidad? Es así que a partir de 2002, entre broma y admiración, poblaciones al noreste de los Estados Unidos ven nacer a una plétora de bandas adolescentes que tomaban las corbatas y trajes para subir al escenario (o mejor dicho, para presentarse en bibliotecas y bailes escolares) portando guitarras en lugar de varitas mágicas y sosteniendo emblemáticos nombres como Harry and the Potters, Draco and the Malfoys o The Remus Lupins. Con más de 200 bandas en la actualidad –todas, con nombres derivados de personajes, lugares u objetos del universo potteriano – la serie expande el tejido que une al submundo mágico con lo terreno, de un modo lúdico, imaginativo, y sobretodo, bien intencionado.

¿De qué más hablaría un mago o hechicera, sino de su problemática diaria en el colegio? En su delirio heroico, los Potters titulan su álbum Voldemort can’t stop the rock. En burla antagónica, los Malfoys en “My dad is rich” dedican a Harry “Mi papá es rico, tu papá está muerto”, mientras los niños que asisten a los conciertos abuchean a la banda que decidió encarnar la malicia, por haber agredido a su favorito. Es honesto señalar que en Hogwarts no hay maestría de rock y es notorio: más allá de un indierock amateur y post-pubescente, prevalece la ñoñéz y la inocencia, tan intensa y autística como aquella que caracteriza a los ‘Trekkies’, los fans de Star Trek.

Sin embargo, quienes lo practican, han encontrado una manera de realizar sus sueños y encarnar fantasías mediante un arma de entretenimiento que combate al mal con mensajes líricos y musicales. Y aquí la maldad no es encarnada por un Ralph Fiennes sin nariz, si no por la aliteración, la apatía y la vulgaridad llevada a cabo por toda la gente alejada de la magia, la cual se ha olvidado de cómo darle un mejor uso a la escoba o cómo salir del hechizo masivo que aplasta nuestros ánimos y encontrar una salida por medio del expecto patronum de la música.

Para información extensiva acerca de las bandas y el movimiento de Wizard Rock, visita www.wizrocklopedia.com

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