Celofán Navideño Reciclado

 

Él sabe de ti
él sabe de mi
él lo sabe todo
no intentes huir
Santa Claus llegó a la ciudad.

Luis Miguel “Santa Claus Llegó a la ciudad”

Santa Claus conoce nuestros movimientos de tarjeta de crédito, nuestros hábitos de consumo y sabe en qué ciudad pasaste la navidad. Santa Claus nos observa: La amenaza de señalar como Grinch a todo el que no gaste parejo es más evidente cuando se escucha en castellano, en el omnipresente muzak que supervisará nuestras Navidades, con Luis Miguel como anfitrión.

La cándida música navideña llena, sin estorbar, restaurantes, elevadores, malls, supermercados, oficinas, aeropuertos, salas de espera de los dentistas y por supuesto, todos los hogares donde cenar pavo en nochebuena es una costumbre arraigada. Sus armonías enmarcan los momentos y los realzan, los hacen sentir más genuinos, más cercanos a la experiencia verdadera: el pastel de frutas ideográfico donde anhelamos patinar en Rockefeller Center junto a un romance invernal, rojo, verde, dorado, bufandas, narices enrojecidas y manos que sostienen montones de shopping-bags llenas de buenas intenciones.

Y la música cumple con el mismo rol que todos los demás adornos de temporada: llenar y colorear los espacios oscuros, fríos y solitarios del invierno. Evita que notemos los “Empty Spaces”, que inspiraran a Roger Waters para The Wall. “A una persona común le gusta escuchar al menos una pulsación, no obvia, pero que afirme que hay algo allí, en el trasfondo”, palabras de Ray Conniff, gran artesano del papel tapiz musical, quien perfumó y decoró la segunda mitad del siglo XX con los arreglos que hacía a los estándares de la época, incluyendo claro, los jingles navideños, con su estilo tan vibrante, y sin embargo relajante, escalofriante y al mismo confortante, donde los coros femeninos y masculinos resonaban como si fueran grabados en la escalinata de mármol de una gran mausoleo..

Desde James Brown, Juan García Esquivel, Lalo Guerrero y sus Ardillitas, hasta Frank Sinatra (todos ellos q.e.p.d.) tomaron el tour de force para grabar un álbum navideño en su discografía: Nuestro propio crooner, Luis Miguel, pone sus fichas en otra empresa igual de rentable que los boleros o las rancheras y que promete utilidades cada vez que el calendario diga que hay que sacar las esferitas del ático – No es gratuito que el álbum se llame Navidades, si proyectamos las ganancias a futuro -.

Es un álbum navideño como lo marcan los cánones, con arreglos de Big Band que intentan forzosamente ubicar al “Sol” junto a “Ol´Blue Eyes”. Al saber por primera vez de este lanzamiento, en el sonido ambiente de un Sanborns, sentí en un principio coraje (la clásica rabia que critica con ceño fruncido lo que él haga). Después sentí lástima, simpatía y al final, visitado por el espíritu de la navidad, gracia. No es mi intención hacer leña del árbol caído (para eso, recomiendo dirigirse a la columna que mi colega de Ibero 90.9, Baxter, escribió en su blog de www.dixo.com, “10 y más razones para odiar a: Luis Miguel”); sin embargo, considero y fantaseo con que sería más interesante que aspirara a ser como Elvis Presley que como Frank Sinatra. Incluso Robbie Williams jugó a ser Sinatra en Swing when you´re winning, sin embargo Williams se lo tomó mucho menos en serio (quizás porque Robbie es Acuario y Luismi, Aries).

En cuanto al símil con Presley, me refiero al aspecto decadente y estrafalario: ¿Cuándo tendremos un disco hawaiano o de rockabilly? ¿Cuándo cantará en inglés? (¡Vamos, arriésgate Luismi!) ¿Llegará a engordar, alzar su copete – o quedarse calvo-, tomar psicodélicos, usar trajes espaciales? ¿Habrá un culto de millones que peregrine a su equivalente a Graceland en Las Brisas, Acapulco? No sería complicado ser un Luis Miguel impersonator, ya que cualquier candidato a niño bien que tenga un traje y hable “con la papa en la boca”, será suficiente para personificarlo. Pensándolo bien, existen miles de Luismi impersonators y Araceli Arámbula wannabes que al adquirir Navidades no sólo suspiran por esa eterna vacación en Acapulco-Las Vegas-Miami, bronceados, trajeados y bien acompañados, sino también a la representación de la experiencia culmine de la navidad, Rockefeller Center style, en la pista de hielo del Auditorio Nacional.

 

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