Jóvenes, talentosos y… desnudos

Demos gracias que el boom de banditas que ocurrió a mitades de los dosmiles, ya terminó. Y no es que haya sido un periodo negativo, pero sí uno plagado de intentos muy a palos-de-ciego por hacerse de un espacio en la ya retacada historia del rock, ante una Industria en pleno cambio de piel.

Mientras su banda favorita regalaba su música por la Internet, se les quedó la idea de entregar sus CD ‘Demo’ en la radio: quizás un John Peel mexicano los treparía a la fama. Les tocó el tardío amanecer del Indie nacional y aprendieron lo que era ‘Hacerlo Tú Mismo’ entre sueños guajiros que los hicieron dejar la escuela en pos de una carrera en el music bíznes. Se abusó del prefijo “Los”, seguido de un “Algo-en-inglés” como si se tratase de una Invasión inglesa o una nueva ola de Rocanrrol: Antaño eran Los Apson o Los Crazy Boys; ahora, el paisaje estaba tupido con Los Dynamite, Los Actors y hasta Le Baron. Por ahí algunos que heredaban del Guacarrock hicieron tecno-cumbia, pero lo chido, era tocar Brítpó.

La primera década del Siglo XXI será recordada por ser el tiempo de los actos pioneros en las redes sociales: aquellos que se hicieron de una página MySpace, ganaron fans y groupies express, decidieron llamarle ‘gigs’, a los ‘toquines’ y disfrutaron de una nueva movida con varios foros donde tocar, para ser reseñados y fotografiados por bloggers “profesionales” (y timados por coyotes matreros, dueños de foros, sellos o distribuidoras). Algunas incautas ovejitas incluso ganaron concursos de rock, cuando el Rock como institución, se ha convertido en un cliché andante de greñas desteñidas y jeans rotos. De penita.

Para bien del respetable, por aquellos mismos años llegaron Rock Band y Guitar Hero: Esto nos ahorró que la chaviza que encontraba en la música una manera deportiva de sacar sus hormonas, no bajara siquiera a su garaje: Se quedaban a practicar air guitar en las salas de sus casas. ¡Qué alivio!

Puede hablarse ya de los 10 años anteriores como precursores de algo más. Sería arriesgado hablar de una camada venidera o inventarse un nombre lleno de mercadotecnia, para bautizar un movimiento que los mismos artífices negarían, por ejemplo, el de la “Generación colonizadora” y la “Nativa”.

Se quedan los que han chambeado, los que han sobrevivido a la burbuja del Indie y desean seguir rompiendo el cascarón. Los que no encontraron glamour inmediato, desisten hacia disciplinas más glossy. Nacen, afortunadamente, músicos que heredan caminos un tanto más trazados en una escena que aún dista mucho de andar sobre rieles.

Fui invitado por Chilango para hacer la curaduría sobre los músicos jóvenes más destacados. Tras horas de ponderar distintos nombres, perfiles y obras junto a otros colegas y críticos, coincidimos en los personajes mostrados a continuación. El panorama actual en la música no es ni alentador ni desolador. Son los que son y están los que están:

A Juan Manuel Torreblanca, Madame Recamier y Andrea Balency, se les puede encontrar twitteándose entre ellos, sea para tocar juntos o festejar sus eventos como solistas cual hermandad de músicos ilustrados y multi-instrumentalistas. Karen Ruiz (de Songs for Eleonor), representa al gremio de Discos Tormento, quienes se han sabido ubicar en la arista entre el electropop fosforescente y la onda de artistas contemporáneos que se reunen en el Bar Covadonga, guiados por la ironía posmoderna. A Diego Solórzano (de Rey Pila) y Alanity (de Vicente Gayo), les toca meterle watts a la corriente: el primero ha dejado atrás las influencias de Joy Division y parece haberse renovado al escuchar a INXS o Fobia; el segundo le tupe al power-rock junto a su banda, a partir de buenos ganchos y ruido tomado de viejos cacharros electrónicos. Por último, alejado de trivialidades y preocupaciones de niñato burgués que están asociadas naturalmente a la música pop alternativa, Akil Ammar destaca por ser cronista de una realidad que va más allá de la agenda noticiosa: sus rimas van desde una crítica al caso News Divine hasta un comentario sobre la tierra de nadie en que se ha convertido Ciudad Juárez. Harían falta más letristas con la lengua filosa y con discursos reales, como él.

Aquí los tienen. Siete músicos, por debajo de los 30: Jóvenes, chambeadores y con el talento a flor de piel.

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