La música no es papel tapiz

Permanezco de pie en un restaurante, con la mano alzada contra una bocina. El capitán de meseros se acerca pronto y se pone a mis órdenes: Le muestro la pantalla del iPhone y le regalo una inútil explicación acerca de Shazam, una aplicación sabelotodo que adivina una rola con tan sólo reconocer un cachito. Esta incómoda acción es tratada como si fuese un acto de espionaje, pero “se ofrecen” a conseguirme el nombre.

Mientras los dueños abren cuentas de Twitter y Facebook para estar más cerca de sus clientes, los gerentes se portan como doberman de los changarros. Falta mucho para que un restaurante te ofrezca un playlist que haga maridaje con la comida, mientras reservas por Internet: Por lo pronto, aquí comparto algunas tácticas que me parecen útiles para que la música sea más que papel tapiz.

Además de vender shortcitos y camisetas para los “modernos”, en American Apparel se escucha viva-radio.com, la cual se transmite en línea desde Brooklyn a todas las tiendas (y laptops de sus clientes), con música ad hoc a los gustos fosforescentes. El Me+You Booklet Vol.1 es un libraco que, además de fotos con chicos y chicas con facha de junkie, incluye un código para descargar un álbum. Y te ahorras el plástico del CD.

Cada martes, las sucursales de Starbucks regalan tarjetas con códigos únicos para bajar gratis la Descarga de la semana de la tienda iTunes: en la breve historia de estos cartoncitos, me he hecho de temas de Los Amigos Invisibles, Furland o Yeasayer. En los cafés de los Estéits, se anuncia en pantallas el nombre y portada del jazzecito-light en turno, con la información presta para que se haga la compra impulsiva como si se tratase de tomar una pannacotta del mostrador. Hay que ahorrarle al cliente ese acto clandestino: hay que ofrecer la música como parte del menú.

Uriel Waizel trabaja en Ibero 90.9 y una vez se metió a un American Apparel a comprarle unas medias bien setenteras a su ahora esposa.

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